Y no sé qué hubiera hecho de no haber tenido uno. Me refiero al teléfono inalámbrico. Y es que tuve tantas cosas que hacer, que realmente terminé comiendo mientras sostenía los cuadernos de los que tenía que estudiar mientras caminaba hacia la mesa con el teléfono en la otra mano, tratando de no botar nada para no perder más tiempo y seguir cocinando más tarde con tranquilidad. No sé, realmente no sé cómo hago que termino como para dibujarme en una tira cómica o como para parodiarme con ese fondo musical típico que les ponen a los malabaristas...

Y terminé trasnochada por estudiar para exámenes y con el teléfono al lado, esperando a que alguien de los miles de grupos en los qeu estoy - porque tenemos miles de trabajos que presentar - se digne a llamarme aunque sean las cinco de la mañana...

Y hasta que por fin tuve quince minutos para sentarme a escribir una entrada ridícula en el blog y decir por qué no estuve escribiendo, aunque a ti, lector casual, te importe dos pepinos. Pero ya qué. Hasta la próxima y ya.