Me recogió de mi casa y me llevó a comer a un restaurante bonito que quedaba bastante lejos así qeu teníamos que ir en su auto. Sí, estuvo bonito el sitio y la comida estaba muy buena también. Lo único que faltó fue una compañía grata. Porque oh, por dios, jamás había conocido a un hombre tan incapaz de establecer una conversación civilizada durante más de treinta segundos. ¡Y no es mentira! Si abría la boca, era más que nada para comer o para contestar a su celular, que sonaba cada cinco minutos. Ok, ya entendí, eres una persona importante y ocupada... no necesitas hablar a 400 decibeles para que entienda que tienes que hablar por teléfono. Además, cuando no usaba el bendito celular para hablar, se quedaba mirando no sé qué en la pantalla, que por cierto no me enseñaba. Sospecho qeu mandaba mensajes de texto o se quedaría pegado jugando ya que no tendría nada mejor que hacer en ese momento.

Ok, también entendí que tu celular es súperinteligente y que lo has programado para que sea capaz de realizar operaciones de corazón abierto sin supervisión, pero se suponía que veníamos a platicar un rato ¿no?

La cereza de la noche llegó con su invitación "al cine o a bailar o algo" y yo la rechacé, diciendo que prefería irme a mi casa y él respondió "ah, bueno, así por un lado mejor".

Sí, querido. Me alegra saber que el sentimiento es mutuo.